Amo-odio los días de lluvia.
Me encanta envolverme en la mantita y acurrucarme en el sofá, hacerme la perezosa, o asomarme al balcón y ver llover, sentarme ahí con una taza de té rojo y disfrutarlo. Incluso me gusta mojarme. En casa nunca sé dónde hay un paraguas.
Pero los odio cuando significan que se acortan los días, que el sol se acuesta temprano, que me roban las horas y la energía, y me empapan de nostalgias.
Hoy decidí amarlo.
Té rojo especiado en taza de "La gran ola", de Hokusai
Y para acompañar, ahora que ya luce el sol, justo antes de irse a dormir, esta pieza de John Coltrane...
