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domingo, 4 de mayo de 2014

¿...Se puede...?

El uno de marzo puse un punto y aparte en mi vida. Tan lejano queda ya que parece un punto final.
Un esfuerzo ingente sin frutos. Quizás hoy piense que no mereció la pena invertir tanto, sacrificar tanto. Y puede que lleve razón. Pero yo di todo lo que estuvo en mi mano, nada me puedo reprochar.
Ahora feliz de recuperar mi vida, decidí empezar a cumplir sueños. De los grandes, pero también de los pequeños.

Ikea me lee el pensamiento


Cuando uno se marcha tanto tiempo no sabe cómo volver a tocar la puerta. Tengo tantas cosas que contarte desde que no te he vuelto a ver, he visto tanto, he disfrutado tanto. Me acordé mucho de ti, e imaginaba mientras vivía todo aquello las fotos que te enseñaría, qué te contaría, las curiosidades que me han pasado, los momentos de risas y las nuevas amistades, y todo ese nuevo mundo que he descubierto, que imaginaba y que hasta ahora no pude ver.

Ha pasado mucho tiempo. Quizás demasiado. No sabes cómo llamar a la puerta. Alzo los nudillos y la mano se presta poco decidida. Tímidamente, con sonrojo, los ojos mirando al suelo y la voz temblorosa...

"Toc, toc"
-"Hola... ¿me dejas pasar?"



domingo, 29 de diciembre de 2013

Supersticiones aparte

Mi abuelo era muy supersticioso. Odiaba el número trece. Y un día trece fue a morirse. Ironías del destino. Quizás es que ya lo supiera sin ser consciente de ello...
Mi padre es más racional y no se dejaba llevar por supersticiones. Pero sin quererlo debió "heredarlo", y el trece casualmente marcó acontecimientos importantes en su vida, nada agradables.
Yo no soy supersticiosa, seguro que serlo trae mala suerte... Escapé del trece. Aunque a mí es el ocho el que me ha marcado negativamente momentos no deseados, curiosamente como a mi madre, debí heredarlo también. Son casualidades, pero le cogí manía a ese número...

Y sin ser supersticiosa, estoy deseando que acabe este año. Un 2013 que pasará sin pena ni gloria, un año en blanco en mi vida, que sí, que podría haber sido peor, porque los he conocido peores, pero que me deja un retrogusto amargo, como de algo que no he podido llegar a vivir del todo, a trompicones y con espacios vacíos. Un año que se ha pasado sin darme cuenta, y no sé qué hice con él. No hay nada que destacar, pero si lo hubiere no sería algo bueno. No ha sido un año especialmente malo, pero sí ha sido un año duro.

Estoy deseando izar las velas de un 2014 que espero y deseo lleno de cambios, de buenos cambios, de cosas ansiadas. O al menos de dejar de no ser. Recuperar mi vida. Estrenar un nuevo año que viene envuelto con un gran lazo rojo del que estoy deseando tirar. No me gusta poner fechas para las cosas que deseo, para lo que quiero hacer, para ponerse en marcha en el camino de la felicidad; esta vez no me ha quedado más remedio. Ni hago balances ni propósitos de año nuevo; esta vez me han salido sin querer.

Ahora sólo necesito un último esfuerzo. El uno de marzo al fin seré libre, y me faltará tiempo para disfrutar de todo eso que he pospuesto. Pase lo que pase, me daré el permiso para hacer lo que me hace feliz. Y es justamente lo que necesito.

Feliz año entrante, queridos amigos. Ojalá vosotros también lo recibáis tan llenos de ilusión. Porque es lo único que no nos puede faltar, ilusión y ganas. Y el resto viene solo...
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