Hay quien dice que los animales no tienen sentimientos. Creo que es más bien aquél que hace una afirmación de esa clase quien no tiene sentimientos. Perros que se desviven por sus dueños, que son capaces de caminar kilómetros y kilómetros para encontrarles a pesar de que hayan sido abandonados, o esperarles puntualmente cada día en el mismo sitio como solían hacer a pesar de que los demás sabemos que no va a volver, como le sucedió a Hachiko
Estatua de Hachiko en la estación de Shibuya (Tokio)
Hace unos días vi algo que me impactó, consiguiendo encogerme el corazón. A todos lo primero que se nos viene a la cabeza cuando hablamos de sentimientos de animales son perros y gatos, con los que estamos tan acostumbrados a convivir. Pero ¿alguien ha pensado alguna vez en los sentimientos de un pájaro, por ejemplo?
Iba conduciendo durante mi jornada de trabajo y en el arcén vi uno de esos tantos animalitos que sufren el infortunio de que un golpe con un coche se lleve su vida por delante al cruzarse volando delante de él. Yo reconozco que soy muy sensible y no puedo evitar que estas cosas no dejen de afectarme. Pero lo que realmente me impactó no fue ver su cuerpo inerte en la carretera, o no sólo eso. Sobre él, otro pequeño gorrión no dejaba de saltar, moverse, intentar movilizarle, buscando inútilmente una reacción, sin llegar a comprender qué sucedía. Todo él era desesperación. Debía ser su compañero de viaje, o de vida. Y me dolió contemplar esa cruel escena.
Al fin y al cabo, no somos tan diferentes animales y humanos, que igual nos invade el dolor y la incomprensión cuando alguien a quien queremos nos deja de forma abrupta.
Le quise contar que fuera le estarían esperando mariposas. Que yo no tenía alas, pero se las prestaría. Que el miedo te aleja de los peligros... y también de las mejores cosas... Le quise decir que todo era tan cierto como mi piel, como sus labios, como nuestros cuerpos. Que todas las palabras que torpemente siempre me faltaban las podría escuchar en latidos. O podría leerlas también en mis ojos. Aunque seguro las leyó. Le quise hacer saber que todo el tiempo del mundo era nuestro en aquellos minutos, en aquellas cortas horas. Que la distancia sólo está hecha de los muros que construyésemos. Y que todo era más fácil de lo que queríamos creer. Pero ni siquiera lo imaginamos. Le quise deshacer, no sé si ilusa, esa capa de hielo, ese baño de metal, esa coraza adherida. "Ad herida" ...
Le quise... le quise decir que le quise... pero tenía miedo de querer
-Rescatado de mi antiguo blog- Con la noche por amante, los oscuros tugurios donde parecer crápula o serlo, de suspiros bohemios, de miradas furtivas, de caricias bajo cuerda, dando la espalda a la rutina, con la soledad de elegida compañera entre tantos corazones que pudiste elegir, y tantos otros que rompiste, con no más horarios que es de día porque te levantas y de noche porque te acuestas, sin mirar al cielo para ver sol o estrellas, sin mirar el reloj para comer y dormir, ajeno a los tic-tacs...
Con la sonrisa de la vida en el filo de una navaja, las borracheras de piel y licor, el frío que abriga una cama vacía al amanecer, que guarda aun el calor de la madrugada pasada, con el juego de miradas que sólo tú sabes hacer, con tus palabras embaucadoras y tu voz como arrullo roto.
Las ciudades tan llenas de gente y tan vacías de personas, que pasan a tu lado y no existes, hasta que se cruzan de bruces contigo, de manera casual, o provocada. Un disculpe, un "¿estás sola?", un no dejar que lo estés nunca más, no al menos esta noche. Porque un instante es tan eterno como queramos que sea.
Caminar de madrugada por calles vacías y degustar el sabor de la fría noche, de las horas en calma, en las que todos duermen y tú les miras. De sorprender la mañana como un ladrón que entra por la ventana para robarte el sueño, o para devolvértelo pidiendo disculpas.
Te envidié, y quise ser como tú. Pero ya había elegido antes ser todo lo contrario. Y ahora no soy más que la mezcla de ser y de fui, de parecer y anhelar...
Sagitario de alas mojadas con la lluvia que un día invocaba para refrescar un corazón que ardía de vacío..
Inspirado en alguien famoso y en otras vidas bohemias anónimas que conocí, que quizá algún día, algunos instantes, pudieran haber sido la mía, o algo así... Amor mío, antes de nada has de saber...
Cuando las cosas de gente que ni siquiera conoces te afectan como si fueran tuyas propias. Tristeza de que este mundo funcione así, de que sea tan injusto y esté mal repartido. Yo pongo mi granito de arena, pero necesito a más gente a mi lado para construir el castillo.
Lástima que una bolsa de comida y unas monedas no solucionen la vida de nadie, ni consiga lavar mi conciencia. Pero seguiré ahí, haciendo lo que puedo, lo que está a mi alcance.
Ojalá hiciéramos todos un poquito más de lo que está en nuestra mano. El mundo funcionaría diferente.
Se les debería caer la cara de vergüenza a nuestros políticos por que sean gente con su pequeño grano de arena las que más esfuerzo estén haciendo por ayudar, mientras ellos nada más que piensan en llevarse el dinero a manos llenas y mantener leyes injustas que benefician a unos pocos, precisamente a los que más tienen, que a menudo coincide con los suyos...
Iba a escribir sobre algo que tenía pendiente... pero los días de lluvia y frío me ponen tontona. Así que pa' otra. Hoy era día de mantita y té, acurrucada junto a la ventana viendo llover. Y de canciones melancólicas. Se coló, no sé por dónde, en mi cabeza "Vértigo", de Ismael Serrano "Recibiré postales del extranjero, tiernas y ajadas, besos, recuerdos. ¿Cómo están todos? Te echo de menos. Cómo pasa el tiempo..."
Y de ahí me pasó a dentro, muy dentro, como un gato que se agarra a las entrañas.
Tengo que aprender a vivir con, y tengo que aprender a vivir sin. A pesar de que soy alumna aventajada, a veces me cae algún suspenso cuando me la juega el subconsciente.
Ordenar los cajones. Cada cosa en su sitio. Aunque cuando duermo a veces se desordenan y salen las cosas de su sitio.
Hoy internet me puso delante gracias a la casualidad a una cantante francesa. En realidad ya la había descubierto hace tiempo, pero no recordaba su nombre, ni la relacionaba con aquella canción, que era mucho más vivaz. No la reconocí. He dado con el lado melancólico de Joyce Jonathan. Ideal.
Nada aconsejable para un domingo de lluvia por la tarde si solo quieres que llueva fuera...
Me encanta la música francesa, y adoro siempre descubrir cosas nuevas.
Os dejo un par de canciones de las que descubrí hoy:
"Les souvenirs"
"Un peu d'espoir"
Y es que ese piano que llora, y esa voz dulce y suave que acaricia... Melancolía en estado puro.
Joyce, a partir de ahora no pienso perderte la pista...
A menudo pienso que soy demasiado sensible. Conmigo misma, con mis cosas, pero también con todo lo que me rodea, aunque no sean situaciones de mi entorno cercano. Peco quizás de exceso de empatía, que en dosis moderadas es bueno, porque te mantiene alejado de la línea de la indiferencia, pero en dosis elevadas puede llegar a hacerte sufrir, o al menos espolearte el corazón.
Puedo parecer una exagerada, pero hasta ver los telediarios me afecta. Casi me hace sentir culpable, por tener la suerte de haber nacido en un país civilizado (aunque a veces no nos lo parezca o se nos olvide), sin guerras; donde la mujer, cada vez más, es respetada, o al menos se lucha por ello; donde abrimos el grifo y sale agua, o pulsamos el interruptor y se enciende la luz. Y dentro de este mundo civilizado puedo decir que además tengo la suerte de tener trabajo digno, un hogar confortable, llegar a fin de mes, incluso darme en ciertas ocasiones algún pequeño capricho. No me sobra, pero no puedo decir que me falte.
Y ante esta situación, no puedo evitar que se me encoja el corazón al salir del supermercado con el carro lleno, la plena abundancia no exenta de algún capricho, y encontrarme a alguien con pintas de haber tenido un trabajo hasta ayer mismo, pidiendo de forma silenciosa con la mirada y un cartel . No he podido volver a meterme el euro devuelto por el carrito en el bolsillo; no me lo permitía mi conciencia.
Me dio las gracias. Creo que debería habérselas dado yo por hacerme recordar cosas que a menudo se nos olvidan.
Esa persona podría haber sido yo. Nadie me dice que no lo pueda ser mañana.
Vio la película que le comenté y me contó un secreto. Ssssh, no se lo diré a nadie... Me hizo sentir bien que encontrase en mí esa confianza. Supongo que conoces esa sensación. Es como si fueras, al menos un poquito, importante para alguien. Me resultó curioso que casi sin conocernos, de la noche a la mañana, y nunca mejor dicho, ni de forma más literal, empezó a confesarme muchas de sus cosas, "no sé por qué te cuento ésto", mientras yo me callaba algún secreto, y seguro que él muchos más. No le conté lo especial que era para mí esa película, era algo que sólo sabía otra persona; mientras, él me contaba que viéndola recordó aquellos besos, que añoraba aquellos besos. Aquellos en los que sientes, dulcemente, el alma del otro en los labios, aunque sólo te la ofrezca por esos instantes. La dulzura que se mezcla con la intensidad. La intensidad del sentir. Los besos de película que se dan en la realidad. Y yo, que le había creído un malabarista de las miradas, un ladrón de besos no robados, y repartidor de suspiros, tuve delante el talón de Aquiles de su ternura; y ante su vulnerabilidad confesa, sólo supe responderle "Sé de qué besos hablas". Lo sabía realmente. Los recordé en ese mismo instante y quise volver a sentirlos. Él me contaba sus secretos y yo no supe, no pude, decirle que arrastraba un alma de Diógenes de los recuerdos. Aunque ya lo sepa. Sin haber dicho nada. (Ahora ya lo sabes...)
Una de mis canciones preferidas sin duda alguna...