Casualmente hace unos días vi la película "La zona gris". Basada en la historia de los sonderkommandos judíos que se dedicaban en el campo de concentración de Auschwitz a trabajar en los hornos crematorios y cámaras de gas, a donde conducían al resto de prisioneros, a veces amigos y familiares, hacia su condena. A cambio recibían algún pequeño trato de favor, que duraría tan solo 3 ó 4 meses más, hasta que también ellos eran ejecutados y sustituidos por un nuevo comando.
Imagen: Dentro de una cámara de gas de Auschwitz
Lo que más me impresionó de la película no es la crudeza del relato. No es quedarme impactada cómo ellos mismos guiaban a sus compañeros hasta la muerte. No es ver la deshumanización del ser humano. Que también. Lo que más me impactó de todo ello es saber que todo eso ocurrió realmente. Y no llegar a comprender el porqué. El cómo se puede llegar hasta ahí. Los motivos. Qué puede haber que justifique tal barbarie. Nadie podrá darme una respuesta. Porque no la hay.
Precisamente ese mismo día, antes de ver la película, hablé escuetamente del tema en un comentario que un admirado bloguero podrá ver reconocido:
"No entiendo las guerras. Parece una frase hecha, pero es cierto que no entiendo cómo la avaricia y la codicia llegan a provocar muertes y más muertes. Porque tras un ideal, tras una religión, tras cualquier excusa que lleva a una guerra, siempre se esconden detrás el ansia de poder y riqueza. Y la disfrazan con argumentos; pero a mí los argumentos no me engañan"
(siento copiarlo literalmente, pero a veces me inspiro más al comentar que al intentar compartir lo que pienso o siento en mi blog)
Y es, siempre, la misma historia. La historia de todas las guerras. La incomprensible historia de todas las guerras...
