-En mi vida perfecta preferiría bañera hidromasaje y sauna antes que un Porsche o un Ferrari
-En mi vida perfecta no necesitaría un Porsche o un Ferrari. Ni bañera de hidromasaje ni sauna. De hecho, si lo pienso necesitaría bastante poco. No sé si es porque estoy acostumbrada a tener prácticamente todo lo que he deseado que no he echado nada en falta.
-¿Y qué querrías?
- En mi vida perfecta solo necesitaría poder viajar mucho, tiempo, emociones y buenas personas alrededor con quien compartir todo eso.
- Perfecto. Y también una sauna para mí
- Vale, y yo una cámara de fotos. Tú sauna y yo cámara de fotos
-Eh, no, ¡la cámara de fotos la quiero yo también!
(Al final se nos olvidó comentar los libros y la música, ¡no puede haber una vida mía perfecta sin música ni libros!)
¿Vamos en busca de esa vida deseada...? ¿Qué necesitarías en la tuya?
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domingo, 7 de septiembre de 2014
Mi vida perfecta
Aquí se habla de...
cosas de mi día de hoy,
deseos,
ellos dijeron,
metas,
pasión,
rarezas,
reflexiones con pies y sin cabeza,
y yo por qué te cuento esto
sábado, 26 de julio de 2014
Soñando despierta
Creo que voy a despertar. Todo es tan surrealista. Sí, en cualquier momento abriré los ojos y pensaré en las cosas tan extrañas que he soñado. Incluso puede que me ría, o me quede mirando al infinito con una cara de no puede ser que esté pasando. Por extraño, y por imaginarlo inalcanzable. Me costará creer que esté sucediendo. A pesar de que algunas cosas las desease tanto. Tanto, tanto como para que al fin sucedan aunque cueste creerlo. Y cuando al fin suceden nada se parece a lo que había soñado...
Creo que sólo me queda buscar nuevos sueños. O soñarlos de nuevo para cambiar el final.
Creo que sólo me queda buscar nuevos sueños. O soñarlos de nuevo para cambiar el final.
Fuyi San, un sueño cumplido
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y yo por qué te cuento esto
domingo, 28 de octubre de 2012
Recibiré postales del extranjero...
Cuando escribí el post "Carta a una desconocida" dije que lo continuaría más adelante con alguna idea que tenía en mente.
He estado pensando que echo de menos el correo tradicional. Yo he escrito siempre muchas cartas, he vivido en diferentes lugares desde pequeña, y era una manera de conservar la amistad a través de la distancia. Desde que llegó internet y se generalizó su uso, ya ni mandamos los consabidos christmas navideños ni felicitaciones de cumpleaños, todo se hace electrónicamente, más rápido, eficiente y barato.
Pero, ¿y la ilusión que hace recibir una carta en el buzón...? Ya solo se ven facturas y propaganda, no hay tal ilusión por abrir el buzón como sucedía antes.
En esta nostálgica tesitura me encontraba cuando me dio por pensar que debería recuperar el correo tradicional. Y tengo algunos amigos a los que sé que les haría mucha ilusión volver a recibir cartas como antes. Aunque no solo en esos amigos estaba pensando...
Cuando leí a Lucía Etxebarría pedir a la gente que mandase una postal de cumpleaños a su hija, hubo gente que no lo entendía, que incluso le reprochaba el hecho de que gente desconocida le tuviera que escribir, sin encontrarle sentido. A otra gente nos encantó la idea, y pensamos que no nos costaba nada contribuir a hacer feliz a una niña, lo cual agradecieron mucho, tanto la madre como la pequeña. Es más, Allegra escribió una publicación dando las gracias
Y hubo alguien que además sugirió una genial idea, o al menos a mí me lo pareció así. Le propuso a Lucía que si a la niña le gustaba recibir postales, se podría inscribir en el proyecto "postcrossing"
Yo nunca había oído hablar de tal idea, y me picó la curiosidad. Se trata de intercambiar postales con gente de todo el mundo, gente a la que ni siquiera conoces, pero comparten esa misma ilusión. Recibes tantas como mandas; para ello te debes inscribir en una página con tus datos personales, y el sistema al azar te asigna un destino para la postal que vas a enviar, y al azar recibes desde otro destino.
Ante tal genial idea, no pude resistirme, y me apunté. Ya he mandado cinco, sé que ya ha llegado una, y estoy esperando impaciente por saber de dónde llegarán las mías!! Qué ilusión!
Me parece además una forma original de conocer mundo y gente desde el sillón de tu casa. Para los que nos encanta viajar y no podemos permitirnos todo lo que nos gustaría, podría ser un buen parche.
¿Qué os parece la idea? ¿No es algo original?
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Lucía Etxebarria,
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sábado, 6 de agosto de 2011
Dreamland
Mis sueños son raros, siempre, muy raros.
Visito ciudades conocidas que en sueños son las mismas, pero son diferentes. He vuelto una y otra vez a esas ciudades imaginarias que tienen nombre real y las calles que me invento. Me las conozco ya como las de verdad. Sus rincones, sus bares, bares que no existen pero que en sueños recomiendo cuál es el mejor.
Te puedo hablar de esa tetería imaginaria en la que servían y vendían té de donde salieron volando murciélagos. Recuerdo también un lugar de comida rápida y barata donde estaban riquísimos los postres. Un centro comercial y su parking, donde no vimos la película de cine por algún problema que ahora no recuerdo. La casa que compartía mi amiga, y la bici, aunque mi amiga nunca ha vivido en una casa así. Salir a buscar a alguien de su trabajo, estar en casa de sus padres y conocer a su madre; aunque la casa de sus padres nunca tuvo ese balcón lleno de plantas, ni esa cafetería al lado, ni su madre era así. Pero me gustó haberle caído tan bien.
En mis sueños todo es muy real. Tan real como que ahí, en ese lugar, existen. Todo sigue igual cuando vuelvo, cuando duermo y viajo allí.
Hoy incluso soñé que mi madre llevaba una vida loca y tenía un amante, Jacobo, el del segundo, alguien con mucho dinero y con una finca; finca que no existe. No existe siquiera ese Jacobo. Lo del amante no lo sé, pero no lo creo, lo dudo mucho. El resto de los detalles son aun más incomprensibles, sin pies ni cabeza. No los cuento porque dudaríais en ingresarme en un manicomio, y no os quiero poner en esa tesitura.
En el fondo, creo que soy una Alicia en su País de las Maravillas...
Visito ciudades conocidas que en sueños son las mismas, pero son diferentes. He vuelto una y otra vez a esas ciudades imaginarias que tienen nombre real y las calles que me invento. Me las conozco ya como las de verdad. Sus rincones, sus bares, bares que no existen pero que en sueños recomiendo cuál es el mejor.
Te puedo hablar de esa tetería imaginaria en la que servían y vendían té de donde salieron volando murciélagos. Recuerdo también un lugar de comida rápida y barata donde estaban riquísimos los postres. Un centro comercial y su parking, donde no vimos la película de cine por algún problema que ahora no recuerdo. La casa que compartía mi amiga, y la bici, aunque mi amiga nunca ha vivido en una casa así. Salir a buscar a alguien de su trabajo, estar en casa de sus padres y conocer a su madre; aunque la casa de sus padres nunca tuvo ese balcón lleno de plantas, ni esa cafetería al lado, ni su madre era así. Pero me gustó haberle caído tan bien.
En mis sueños todo es muy real. Tan real como que ahí, en ese lugar, existen. Todo sigue igual cuando vuelvo, cuando duermo y viajo allí.
Hoy incluso soñé que mi madre llevaba una vida loca y tenía un amante, Jacobo, el del segundo, alguien con mucho dinero y con una finca; finca que no existe. No existe siquiera ese Jacobo. Lo del amante no lo sé, pero no lo creo, lo dudo mucho. El resto de los detalles son aun más incomprensibles, sin pies ni cabeza. No los cuento porque dudaríais en ingresarme en un manicomio, y no os quiero poner en esa tesitura.
En el fondo, creo que soy una Alicia en su País de las Maravillas...
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