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lunes, 24 de septiembre de 2012

Allegrando el día -Carta a una desconocida-

Soy fan de Lucía Etxebarria. Llevo leyendo sus libros desde que cayó en mis manos su primera novela, "Amor, Curiosidad, Prozac y Dudas", aunque fue "Beatriz y los Cuerpos Celestes" la que me afianzó como fan. Quizás ése fuese el libro justo leído en el momento apropiado, pero guardo un buen recuerdo de él. Siempre he pensado eso, que hay buenos libros, o buenas películas, dependiendo del momento que hayas elegido para saborearlos. A veces con grandes libros (o grandes películas) nos equivocamos en el momento de elegirlos y no nos llegan a los sentidos tal como debería, no tiene la repercusión esperada en nosotros. Y quizás otros con menos expectativas, más sencillos, desencadenan una cascada de sentimientos que otras personas probablemente no pudieran entender gracias a ese mismo libro.
Creo que últimamente llevaba una racha de libros equivocados en momentos equivocados. Hasta que volvió a caer en mis manos su último libro, el de Lucía, que me ha devuelto la ilusión por leer. Al menos he vuelto a tener la sensación de ese libro que te engancha.

Sigo también su trayectoria a través de las redes sociales, las cuales actualiza ella personalmente. Además de su carrera como escritora me gusta su actitud personal, cómo se implica con causas que cree justas, y aprovecha su repercusión mediática para darles cabida y voz. Algo que admiro.

Su página es un lugar de denuncia social, de publicidad de su obra, pero también deja un pequeño rincón para algo más personal. Hace unos días precisamente hablaba de su hija, Allegra. El 20 de septiembre haría 9 años y Lucía pedía que quien tuviese su dirección le escribiese una felicitación, que le haría mucha ilusión, adora recibir correo. Al final fue tanta gente la que respondió que tuvo que dar una dirección para que todos los que nos prestamos a alegrarle el día pudiésemos hacerle llegar nuestras cartas.

Yo pensé que era una ocasión ideal para tener un detalle con Lucía, para hacer feliz a una niña, para recuperar la costumbre del correo postal, para poder hacer una postal a mano con todo el cariño, aunque fuese alguien a quien personalmente no conozco, pero imaginando que a ambas haría mucha ilusión

Recuerdo cuando fui a la firma de libros de Sevilla que iba vestida toda de violeta, y a Lucía le llamó la atención; me contó que a su hija le encantaba ese color, que siempre quería ir vestida con esas tonalidades, y le resultó curioso que compartiésemos esos gustos.



Pensé que algo en esos colores le iba a encantar a la niña. Rebusqué entre lo que tenía y desgraciadamente no encontré los tonos que buscaba, así que me apañé con algo lo más parecido posible y... manos a la obra.




Ya tenía todo lo necesario, solo era menester dedicarle un ratito para ponerme a ello, dedicarle tiempo.
Ay, el tiempo... lo más difícil... Pero cuando la causa merece la pena, se hace todo lo posible.

Quise mandarle también un regalito, pero Lucía especificaba explícitamente que no se enviasen paquetes, por lo que me decidí a hacerle un marcapáginas, que eso sí cabría en un sobre. Seguro que una niña de madre escritora sabría sacarle partido; ¡¡yo con su edad ya me bebía los libros!!

Y aquí os dejo con el resultado (en el interior de la tarjeta, digámoslo así, no he conseguido el resultado deseado, pero el aspecto exterior me ha encantado cómo ha quedado)





Debo disculparme por la calidad de las fotos, pero a las horas que tuve que hacerlas no disponía de mejor luz.

En el próximo post continuaré con una idea que surgió a raíz de esto que estoy contando de cartas, postales, gente desconocida, correo tradicional... Alguien me dio la idea y la tomé al vuelo. Ya os seguiré contando... Estoy llena de ilusión. Cada día me voy llenando de ilusión. Y eso me hace feliz

sábado, 14 de mayo de 2011

Polvo eres...



Hace unos días venía escuchando la radio, que tanta compañía me hace en los desplazamientos del y hacia el trabajo, un programa en el que hablaban de un curioso libro. La segunda parte de "Polvo eres", de Nieves Concostrina, al que ha titulado "Y en polvo te convertirás"
Me resultó muy curioso cómo de un tema tan serio, que tanto suele asustar, o al menos imponer respeto, surgen las historias más surrealistas e hilarantes. Pensé que, aunque no fuese un libro para pasar con él a la historia, al menos sí sería entretenido, y cuanto menos, sorprendente.

Hablaban cómo, por ejemplo, cuando murió Kurt Cobain no le dejaron "instalarse" en ningún cementerio, puesto que no querían que les sucediese como con la tumba de Jim Morrison, que se convertió en lugar de culto y peregrinación, saturando de visitas el cementerio de París. Y Kurt, tras su muerte, se quedó sin "casa". Así que su mujer decidió incinerarlo y repartir sus cenizas. Un montoncito se lo quedó ella, que lo guardó en un bolso con forma de peluche, el cual conservaba en su propio hogar. Un día entraron en su casa a robar y se llevaron, entre otras cosas, el bolso. Al tiempo, las cenizas de Kurt Cobain se vendían (y se compraron) en internet. Ya ves, hay gente para todo... Incluso se dice que Courtney Love, su mujer, acostumbrada a aspirar todo tipo de sustancias, quiso hacer lo mismo con las cenizas de su difunto marido.




Pero no era ésta la historia más llamativa de las que hablaron. Me surgió una duda que nunca me había planteado hasta que oí ese programa de radio. ¿Qué pasa si en una pareja de hermanos siameses muere uno de ellos...? Curiosa pregunta... ¿Acaso tendría que cargar el hermano vivo con su hermano muerto pegado a su cuerpo...? Porque si no comparten órganos vitales, no tienen por qué morir a la vez... Pero a lo mejor tampoco pueden separarse... Ya de por sí, la vida de los siameses me ha parecido algo llamativo, porque están obligados a ponerse de acuerdo en todo. Si en la vida era así, ¿sería así también en la muerte?

Explicaron entonces el caso de los hermanos Chang y Eng Bunker, provinientes de Siam, origen del nombre de gemelos siameses. Es curiosísimo cómo tenían vidas independientes, cada uno con sus respectivas mujeres tuvieron 10 y 12 hijos. Y digo "curiosísimo" porque me estoy imaginando el acto de concebirlos, no sé si el otro se quedaba allí, que no le quedaba más remedio, comiendo palomitas mientras lo veía o, ya que estamos, hacemos una orgía y se unía su mujer...

El caso es que a Chang le gustaba mucho el pirraque, y ésto le provocó una enfermedad que le condujo a la muerte, y que no afectaba en absoluto a la salud de su hermano gemelo. Así que imagínate la situación, cuando el hermano que queda vivo se encuentra a su hermano fallecido pegado a él. Algo de lo más surrealista y aterrador. El desenlace: el hermano que quedaba vivo murió a las pocas horas. Cuenta la leyenda que de miedo. Algo de verdad debe llevar esa afirmación. A mí al menos me daría algo...

Imágenes del cementerio judío de Praga. Un curioso lugar que aconsejo visitar. Octubre 2008. 

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